¿Qué es la impulsividad?

impulsividad
impulsividadEs un término que engloba diferentes aspectos. La impulsividad puede resultar ser
parte de uno de los  síntomas de enfermedades tales como por ejemplo: trastornos de conducta, adicciones, trastornos de personalidad, trastorno bipolar, déficit de atención e hiperactividad, etc. Pero también es un rasgo de la personalidad, que  está en mayor o menor medida en cada uno  de nosotros.
La impulsividad es la predisposición a reaccionar de forma rápida ante acontecimientos externos, o motivaciones internas sin considerar las consecuencias negativas de estas conductas para sí mismo o para los demás. Esta predisposición tiene su parte positiva, como forma actuar ante situaciones extremas que necesitan de reacciones impulsivas para protegerse o proteger a alguien cercano. Pero se observa su parte negativa cuando  la persona se pone en dificultades por no poder valorar la situación adecuadamente  o pone en dificultad a las personas que le rodean, entonces se puede convertir en un grave problema si ante un acontecimiento estándar la reacción es desproporcionada.
Ese problema es cuando la impulsividad es alta en la persona, y conlleva agresividad o conductas explosivas.  En este caso pueden darse dos variantes, una cuando lo que prima en la persona es la ira hacia sí mismo y la tristeza, entonces puede derivar en autolesiones o conducta suicida.
O dos, que la agresividad sea dirigida hacia los demás, donde prima el enojo, el resentimiento, y de nuevo la ira, que motivan la conducta impulsiva hacia las personas de su entorno. A los cuales les culpa de  provocar ese sentimiento de estar fuera de control o fuera de sí,  que le justifica su comportamiento. De este modo, no puede ver su parte de responsabilidad en los hechos y tampoco la opción de que pueda reaccionar de manera distinta a como lo hace. En este caso, suelen ser las personas de alrededor los que antes se dan cuenta de la necesidad que tiene esa persona de pedir ayuda especializada mucho antes que él mismo. Debido a que desde fuera se puede observar la desproporción entre el hecho con la respuesta descontrolada que tiene la persona hacia el mismo.
En general, cuando se dan estos casos existe baja capacidad para tolerar la frustración, sufren de impaciencia y tienen dificultades para reflexionar sobre los propios estados emocionales.
El hecho de solicitar ayuda psicológica cuando estos casos afectan  a la relación consigo mismo o entorpece las
relaciones interpersonales es de gran ayuda para paliar las consecuencias de sus actos impulsivos. Sobre todo, que el espacio terapéutico ofrece un marco seguro para poder conectar con los sentimientos, afectos y emociones internas, dando lugar a un  proceso de mentalización, es decir, el proceso de entender el propio mapa emocional. Solo el hecho de poder ejercitar esa capacidad de pensarse a sí mismo, de entender su
malestar, poner nombre a sus sentimientos, ofrecer estrategias de autocontrol para aplacar la conducta agresiva, se le ofrece a la persona el tiempo necesario para recapacitar sus acciones y poder modular él mismo su ira, enfado, rabia o furia, esos sentimientos negativos que surgen cuando uno o los demás frustran de
alguna manera.
Tanto en niños, adolescentes como adultos la impulsividad alta les hace incurrir en situaciones que pueden ser perjudiciales para aquellos que la sufren. Muchas veces, inevitablemente se equivoca la forma de actuar con ellos, permitiendo o protegiéndolos de las situaciones conflictivas por miedo a cómo van a reaccionar, qué harán o qué dirán. Lo importante es ayudarles a pensar las consecuencias de sus actos. La impulsividad es uno de los mayores predictores de la agresividad, entendida la agresividad no solo como acto violento, sino también hay que tener en cuenta  cómo se da la expresión verbal y corporal, es importante observar  las palabras que utiliza la persona para comunicarse, el tono de las mismas y los gestos empleados, si intimidan o amenazan. En este
caso, será necesario trabajar terapéuticamente, conjuntamente con la persona, su autoestima, su sensación de vulnerabilidad, aumentar la capacidad de expresar sus estados emocionales y generar alternativas en situaciones de baja tensión emocional, para ir ampliándolas a situaciones con más carga emocional. Como resultado, la persona tiene un mayor bienestar personal y unas mejores relaciones interpersonales, para finalmente llegar a un mejor autoconcepto de él mismo.
 Mónica Calzada Pereira