Las creencias determinan como cada uno de nosotros percibimos lo que nos rodea. Son los filtros por los que pasamos las experiencias que tenemos en el día a día. Estos filtros se van forjando desde la infancia, en parte con aquello que nos cuenta nuestra familia de nosotros mismos ,y por otra parte, de cómo nos muestran quienes son los demás. A esto se le suma lo que nosotros vamos observando de nuestro entorno más inmediato, en un principio también de la familia, y más adelante se va abriendo el círculo y nos fijamos en otros entornos, el colegio, amigos, etc. Eso que nos contaban sobre el mundo a medida que crecemos lo incorporamos a nuestros filtros, lo hacemos propio. Es decir, nosotros a medida que nos hacemos mayores vamos construyendo el mundo y, como no, después nos toca vivir en el. El mundo, en parte, es una construcción mental.
En concreto este post es una reflexión de como esas ideas que nos van transmitiendo desde pequeños van creando una manera particular de mirar. En el caso del video habla de ciertas creencias en las relaciones de pareja. Hay ciertas ideas que en principio cuando se instalaron tenían una función de protección frente a un dolor. Pero a lo largo del tiempo, esa creencia pasa a tener repercusiones más dolorosas que el propio dolor de aquello del que nos intentaba proteger; pero ahí sigue. En ocasiones, su funcionamiento no es consciente si quiera para propia persona.
Por ejemplo, en el vídeo de más abajo de la película “¿Qué les pasa a los hombres?” (2009), reproduce una escena en la que una madre con toda su buena intención intenta proteger a su hija del dolor que supone que el niño que le gusta, la insulte y la agreda. Al margen del significado que conlleva esta acción, entre otras cosas, lo más evidente es que a ese no niño le gusta su hija, pero la madre la convence de lo contrario. En vez de acompañarla en su llanto, explicarle que no siempre puedes gustar a todo el mundo, y luego darle recursos para que se proteja de niños que la puedan agredir, lo que le dice para que no se sienta mal es una frase de consuelo que disfraza la realidad “¿Sabes por qué ese niño te ha tratado así? porque le gustas” Cuanto menos paradójica la frase, pero quizá demasiado presente en algunos casos, como el dicho popular “quien bien te quiere te hará llorar”, y también demasiado presente, erróneamente, en algunas formas de entender las relaciones amorosas. Más adelante en el vídeo se observa como las amigas utilizan la misma estrategia para calmar y apoyar a otra del desengaño cuando un chico no llama o no da señales de vida. Utilizan frases que promueven la esperanza y enmascaran la realidad de nuevo. Todo para intentar suavizar el impacto de que si un chico no te llama, simplemente no quiere hacerlo, no hay más. Y ¿qué sucede si es así? ¿Ya no hay más?
En nuestra vida nunca es tarde para darnos la oportunidad de revisar aquellas creencias que nos limitan o nos perjudican, de cuestionarnos y permitir conocer de dónde proceden nuestras ideas, de entender que función cumplían en el momento en que se forjaron en el pasado. Todo para poder reemplazarlas en el presente por otras más saludables y que generen mayor bienestar.
Las creencias no son algo estático e inmutable. Nosotros estamos en constante proceso de cambio, pero todos tenemos ciertos puntos ciegos, y para ellos, una psicoterapia facilita luz, dónde hay oscuridad, para ver aquello que nos está haciendo daño. Y así, crearnos un mundo dónde lo que yo creo no es lo único. Hay alternativas. Uno puede abrirse a otras opciones, como por ejemplo, cambiar la frase anterior por ” quién bien te quiere, te cuida y te respeta”.