El coste de tener razón

El coste de tener razón

El coste de tener razón¿Es más importante hacer ver a los demás que tienes razón aún poniéndote en riesgo para demostrarlo?  ¿Puedes renunciar a convencer a otros de que están equivocados en algo?

Si ya estás convencido de que algo es de una determinada manera ¿necesitas demostrarlo a cualquier precio? Por otro lado, si tienes la razón, y lo sabes, no necesitas que te la den. No tienes más razón porque otros te lo confirmen.
Viendo este divertido e ilustrativo vídeo (pincha el enlace situado debajo del texto), surgen estas preguntas y más de por qué alguien puede llegar a situaciones de riesgo o hacer peligrar su integridad física, por aquello que visto desde fuera sería el simple hecho de demostrar que tiene razón en algo que piensa que los demás están equivocados. Sobre todo, muestra que tener razón no da la felicidad, incluso, a veces, resulta con el efecto contrario. Es sabido que el excesivo orgullo, tener demasiado presente la opinión de los demás y la dificultad de lidiar con los sentimientos de fracaso, puede conllevar asumir riesgos innecesarios, hasta llegar al límite de poder hacer peligrar la propia salud. Quizá valga la pena reflexionar sobre esto y preguntarnos ¿hasta que punto puedo llegar para mostrar mis opiniones respecto a algo? ¿realmente eso que intentamos mostrar es tan importante?

Compartir nuestra forma de ver algo y que los demás la confirmen, estén de acuerdo es algo que nos reconforta en nuestro día a día.  Pero, también parece claro que si en algún momento creemos tener la certeza de que aquello que vemos puede ser dañino, lo primero es protegernos y saber cuidarnos de eso mismo, antes que,  tratar  de convencer a nadie y ponernos en peligro por eso, ya sea, emocional o físicamente. Tener razón no puede ser lo que nos guíe en nuestra conducta a costa de lo que sea.
Un cambio de actitud ante la necesidad de tener razón en todo y que los demás nos la den también, es desarrollar y practicar la capacidad de la espera activa. Desde esa actitud observamos atentos y alertas como el tiempo hace su trabajo y nos otorga o no la razón sobre eso mismo. No hay que precipitarse y ser impaciente ante circunstancias en las que los hechos, probablemente, se van a desarrollar y confirmen lo que pensamos sin tener que ponerse en riesgo. Esperar, tener confianza y no forzar los circunstancias, dará lugar a un espacio para establecer cuales son nuestras prioridades y recapacitar sobre cual es el motor que queremos que guíe nuestra conducta.

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TENER RAZÓN

Mónica Calzada Pereira