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Cuando oímos hablar de inteligencia rápidamente pensamos en todo lo relacionado con lo académico (habilidades lingüísticas, matemáticas, etc.), pero ya hace años que este concepto se ha ampliado incluyendo lo emocional como una parte importante que puede ayudar a la persona a tener éxito en la vida.

Las emociones son alteraciones de nuestro cuerpo y son provocadas por los acontecimientos de nuestro día a día, por los recuerdos o por pensamientos que tenemos en un momento dado. La emoción vendrá acompañada de un estado de ánimo que provocará en nosotros un sentimiento.

Las emociones ocurren de pronto, si por ejemplo nos dan una buena noticia aparecerá la alegría. Los sentimientos duran más tiempo, si la alegría nos dura en el tiempo nos sentiremos felices.

Los niños inteligentes emocionalmente van a sentirse mejor con ellos mismos y esto les ayudará en muchos ámbitos de su vida: mejor autocontrol, les ayuda en las relaciones, en la resolución de conflictos, en los resultados académicos, etc.

¿Cuantas veces escuchamos “no llores”, “no te enfades”, “no te asustes” y un largo etc.?

¿Porque nos es difícil aceptar que las emociones están ahí y necesitan su espacio para ser expresadas? ¿Qué nos pasa a los adultos cuando vemos al niño muy asustado, muy enfadado…..?

No podemos olvidar que el ambiente cultural y social del que venimos nos invita a no mostrar ciertas emociones: miedo, enfado….

Se nos trasmite que sentir ciertas cosas esta mal: celos, rabia… Tenemos poca práctica en esta tarea por lo que requerirá un esfuerzo por parte de los padres y de los adultos que trabajan con niños, no solo con los más pequeños sino también con ellos mismos.

Es difícil para los padres y educadores pararse a la altura y ritmo del niño.

Tendemos, sin darnos cuenta, a no dejar que los niños expresen ciertas emociones, pensando que si lo hacen son unos desobedientes, contestones, llorones, miedosos…..

A veces tenemos una expectativa de cómo debe ser el niño y cuando este se separa de ese ideal nos sentimos frustrados.

Si el niño no puede expresar lo que siente ni obtiene ayuda para entender que le pasa tendrá ansiedad.

Por eso será bueno que los adultos que pasan tiempo con los niños se pregunten como se sienten ellos ante la expresión de las emociones de estos, ya que muchas veces tenderán a reprimir ciertas expresiones cuando estas les generen malestar.

La idea sería mostrar al niño una buena manera de expresar lo que siente, no reprimir la emoción.

Algunas estrategias que pueden ayudarles:

• Enseñar a los niños el lenguaje con el que expresar lo que sienten, todo este vocabulario lo irán aprendiendo poco a poco con ayuda de los padres o adultos cercanos significativos, por eso es importante que cuidemos como trasmitimos nuestras emociones.

• Aceptar y respetar las emociones del niño, escucharle y ayudarle a expresar que siente. (Ej: “Comprendo que estés asustado, hablemos sobre ello, cuéntame que es lo que te da miedo).

• Ayudar al niño a relacionar expresiones corporales y gestos con las emociones, esto les ayudará en el desarrollo de la empatía y poder ponerse en el lugar de los demás. (Ej: “¿Has visto la cara del protagonista del cuento? ¿Qué crees que le pasa?”, “Mira la cara de tu amigo, parece triste, ¿le preguntas que le pasa?”).

• Dar herramientas y alternativas, aquí  caben muchas posibilidades. Dar recursos al niño es trasmitirle que puede hacer algo con aquello que le pasa, que eso que haga puede suavizar en gran medida aquello que siente. (Ej: “Sé que estás asustado, es la primera vez que vas a hacer esto, a mí también me pasaba cuando era pequeño. Te contaré algunas cosas que me ayudaron a mi cuando tenía tu edad”).

• Ayudar al niño a encontrar sus propios recursos, haciéndole preguntas para que pueda reflexionar sobre cómo actuar en determinadas situaciones (Ej:“Si te ha enfadado lo que te ha dicho tu amiga, ¿qué crees que la puedes decir la próxima vez? ¿Te sentirías mejor así?”).

Las emociones nos acompañan en nuestro día a día e influyen en nuestras decisiones y nuestra manera de actuar, por lo que dedicarle tiempo a entenderlas y a buscar la mejor forma de expresarlas será una tarea con enormes beneficios para los niños.

Berta Ponce

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