Tendemos a relacionar la felicidad con que las cosas nos
salgan siempre bien y que las circunstancias con las que nos vamos encontrando
sean justas para nosotros. Pero a veces la vida nos pone en situaciones con las
que no contábamos. Podemos pensar entonces que todo se desequilibra y que tras
algunos sucesos ya nada volverá a ser como antes, aparecerán entonces
sentimientos como miedo, rabia, tristeza…. con los que tendremos que lidiar.
Siempre aparecerán momentos difíciles en la vida de cada uno
de nosotros, la manera en que pensemos sobre ellos y como nos veamos a nosotros
mismos frente a los obstáculos que van apareciendo determinará en gran parte
nuestra manera de sentirnos y las habilidades que pongamos en práctica para su
resolución.
Hay que tener en cuenta que muchas veces las dificultades
están en uno mismo, en su manera de pensar y en la forma de enfrentarse a la
realidad que a cada uno le toca vivir. Esto se aprende desde niños, viendo la
forma de ser de nuestros padres, escuchando sus comentarios, hemos visto el
mundo a través de sus ojos durante muchos años y eso tendrá una gran influencia
en nosotros. Reflexionar sobre ello nos ayudará a comprender mejor nuestra
actitud  y pensar en cómo nos enfrentamos
a lo que nos va sucediendo.
Las dificultades en nuestra vida pueden ser un avance, si
echamos la vista atrás nos daremos cuenta que algunas situaciones difíciles nos
han enseñado, nos han ayudado a evolucionar, crecer, incluso a salir
fortalecidos, más seguros y con más herramientas para enfrentarnos a nuevas
situaciones.
Hoy os presentamos un cortometraje que hace una reflexión
sobre esto, nos muestra la historia de un labrador, del esfuerzo que pone en su
trabajo, de las dificultades que se encuentra y con las que no contaba. Pero
ese fracaso le guarda algunas enseñanzas.

Berta Ponce

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The windmill Farmer