A veces, pareciera que solo se puede obtener la felicidad cuando se cumplen todos nuestros deseos y expectativas tal cual los hemos pensado. Solo cuando conseguimos el resultado de aquello que nos proponemos y tenemos las recompensas esperadas a nuestros esfuerzos, nos sentimos contentos.

Cuando eso no pasa, y sucede una situación que no te ofrece lo que esperabas,  se vive como un fracaso. No es necesario sentirlo solo desde ese lugar. Es mejor entenderlo como una experiencia, y puedes recogerla con una actitud positiva y constructiva, incorporando aquello que te ha mostrado esa circunstancia. Todo aporta y todo suma. No olvides que la felicidad no es el final, sino el camino. Que el resultado de cualquier experiencia siempre es sumativa y enriquecedora, son vivencias. Y de eso se trata ¿no?, de vivir.

Nunca es tarde para que rectifiques y realices una revisión de tus verdaderas necesidades mediante una valoración e introspección de aquello que realmente te hace sentirte bien. Piensa que tu puedes facilitar y acelerar el  proceso para superar todos aquellos sentimientos que aparecen al cometer errores (tristeza, rabia, impotencia…). Siempre y cuando no te dediques a obsesionarte con perder el tiempo en autocríticas y desvalorizaciones, lamentos y quejas, sin ningún propósito más que la autocompasión y  el victimismo. Éstos últimos son dos sentimientos que bloquean y atascan la posibilidad de avanzar y salir del malestar. Eres tú quién puede favorecer una actitud activa y no pasiva para sentirte mejor. Para ello, una vez vivido el fracaso busca una alternativa para reparar lo que sea necesario y continuar tu camino con un nuevo reto o propósito, con aquello que sea lo que te motive e ilusione. Lleva contigo las experiencias pasadas, no como una carga que te ate o paralice, sino como un aprendizaje que te ayude tanto en tus próximas elecciones como en alcanzar tus próximas metas.
Lo que llamamos fracaso es la puerta para obtener la oportunidad de empezar nuevas vivencias. Simplemente no dejes que el miedo se instale y te impida tener recuerdos de esos que vale la pena conservar.

Mónica Calzada Pereira