Muchas gracias a la editorial Comanegra por hacernos llegar a nuestro Gabinete de Psicología su nuevo libro”El camino del amor” de Eva Mengual. Una lectura que nos da claves para encontrar el camino después de una ruptura, entender que el amor nunca desaparece, aún cuando la persona a la que uno quiere se vaya. Los sentimientos que nos ha despertado esa relación siempre lo llevaremos en nuestro interior, y se mostrará de diferentes formas a lo largo de nuestra vida. Lo importante que es reconocer las distintas caras que puede adquirir el amor, eso es una pista para poder seguir camino tras la ruptura. El amor en la pareja es uno, pero tiene más formas. 
“El camino del amor”  nos cuenta una intensa historia de amor y el viaje que uno hace cuando siente ese vacío que dejó la pareja al romperse la relación. Un viaje que sirve para recuperar el contacto con uno mismo, así como, poder recuperar el espacio personal perdido. Un viaje que  muestra la lucha y la esperanza de encontrar la salida a esa desilusión y otorgar un nuevo sentido a la vida.
 “Él compungido, se acercó a ella y la abrazó como si tuviera que ser la última vez. Y se fusionó en llantos con ella, que también lo abrazó con todas sus fuerzas. Los dos sabían que eso era una despedida. Sobraba cualquier palabra o frase. Tal vez con el tiempo se volverían a encontrar y podrían hablar más tranquilamente. En aquel momento no era posible. El dolor era demasiado intenso para los dos. Él culpable y ella, herida, se aferraron a ese último contacto hasta que la respiración de ambos fue cada vez más profunda y se pudieron separar…”
Está claro que nadie le pertenece a nadie. Y tenemos que entender que las personas van llegando a nuestro camino cuando deben llegar, y se van siempre de la misma forma, siempre por algo. Pero es importante dar un significado a ese “algo”. Dar un sentido a lo que se ha vivido con aquellas personas a las que hemos permitido que compartan parte de nuestro recorrido en la vida. Seguro que se ha recibido algo, y que también se ha aportado algo al otro. Pero cuando algo termina, termina. 
¿Cómo algo tan sencillo puede convertirse en algo tan complicado de asimilar?
 “Y mientras bajaba los escalones intuía que nunca más volvería a pisarlos. No eran sólo unos escalones, sino los cimientos de su vida, de su estabilidad, y de repente se convertían en una cuerda floja que se perdía entre la niebla. De nuevo se le humedecieron los ojos y el maravilloso paisaje que tenía enfrente se volvió a desenfocar…”  
El amor, la pasión, el deseo, etc. son poderosos sentimientos que se tienen al comienzo de una relación que, entre otra serie de cosas, hacen ver todo lo que a uno le rodea con un filtro que embellece el paisaje que uno tiene enfrente, lo vuelve más luminoso, colorido y maravilloso. Pero cuando la relación se acaba, esos sentimientos dejarán paso a otras emociones también muy poderosas,  como son la rabia, la decepción, la tristeza, la culpa… Y llegan a ser tan poderosas que igualmente aportan un filtro a nuestra visión del paisaje. Esta vez, el nuevo filtro consigue nublar lo que momentos antes era un entorno maravilloso y convertirlo en algo desolador, gris,  hasta oscurece cualquier posibilidad de encontrar otro camino transitable. 
Cuando algo termina en la vida es porque nuestra evolución así lo requiere. Por tanto, es mejor dejarlo ir, y seguir adelante con la experiencia aprendida. También es una oportunidad nueva para hacer algo diferente. 
Tiempo y paciencia para que aquello que en un momento se visualiza oscuro, vaya dejando paso a claros que arrojen algo de luz, tanto en nuestro interior, como en el camino que vamos a seguir.

“Los pescadores en alta mar, cuando hay tormenta y la fuerza del viento los empuja de un lado para otro mientras la lluvia los empapa con desdén, no pueden hacer nada salvo agarrarse al timon a esperar que pase el temporal y llegue la calma. Y solo desde esa calma podrán ver con mas claridad y decidir cual será su nuevo rumbo.”
La lectura del libro nos invita a hacer todo este recorrido en tan solo un momento, aportando luz a nuestras experiencias vitales. 
Mónica Calzada Pereira