¿Cuántas veces has dicho “no” cuando hubieras podido decir “si”? ¿piensas que hubiera sido mejor? Muchas veces las cosas de las que uno se arrepiente son aquellas que uno no se ha permitido vivir. Y raramente uno se arrepiente de aquellas lecciones aprendidas por haber dicho “sí”.

Decir sí, es decir sí a la vida. El mayor miedo a hacer esa afirmación es por lo que tiene de nuevo, de distinto. Miedo a salir de la zona de confort, de la rutina, de la seguridad. Cierto es que hay distintos momentos en la vida, por tanto, tienes que ser consciente de qué etapa estás viviendo en la actualidad y, en definitiva, si estás en el camino de la vida que quieres vivir. 
Cuando sientes que estás abierto a todo lo que vas encontrando, incluso a comenzar caminos alternativos, los resultados siempre son inesperados. Y aunque sabemos que enriquecen todas aquellas nuevas experiencias que vivimos, normalmente, esos caminos alternativos se prefieren no tomar, por miedo a esos resultados inesperados que siempre generan incertidumbre porque no son los caminos conocidos. 

Para decir “no” puedes encontrar multitud de excusas basadas en los preceptos que marcan las normas que has adoptado. Aunque sabemos que la mayoría aceptamos esas normas sin darles ni media vuelta, ni cuestionarlas.  Esas autocensuras son las que te atan a situaciones que no fomentan que puedas seguir creciendo, experimentando y seguir sorprendiéndote con los diferentes aspectos que conlleva la vida.
Para cualquier elección que tomes es recomendable tener presente que de todas las circunstancias siempre hay un punto de vista negativo y otro positivo. Y que suele ser mejor poder enfocarte en los aprendizajes desde un lugar positivo, donde todo lo que vives, bueno o malo, suma. Y esto siempre es mejor que centrarte en la mera crítica destructiva, en la desvalorización de ti mismo, de tus decisiones o de tus sentimientos, y de hacer eso mismo con los demás. 
Un cambio de actitud mediante una revisión de tus creencias permite concentrarte en interpretaciones que te aporten y que te animen a elegir alternativas que habitualmente descartarías. Una nueva actitud es útil para comprender las distintas formas de vivir de los demás, y no dejarte llevar por los fáciles prejuicios o censuras. Igualmente te ayuda a promover la empatía. Y si estás dispuesto a esa nueva mirada, favorecerás un mayor abanico de opciones en tu vida incluyendo una mayor riqueza, tanto a nivel personal, como en aquellas relaciones que establezcas con los demás.  
Cuando dices que “no”, esas cosas, que podrían haber pasado y que no viviste, son las que te hacen pensar, dar vueltas y no poder conectar con el momento presente.  Si dudas entre el hacer y no hacer, escoge actuar. Piensa que si te equivocas los errores son necesarios para poder encontrar aspectos de ti mismo que de otra manera nunca podrían ser descubiertos. Y que al menos tendrás la experiencia de vivir.

Nunca es demasiado pronto o demasiado tarde para ser quien quieras…

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Mónica Calzada Pereira